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25N Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer: las mil caras de la violencia contra las mujeres

Publicado por Fundació Apip-Acam en Actes · 25/11/2020 11:44:00
La violencia machista es una grave vulneración de los derechos humanos que actúa en diferentes ámbitos y esferas


Conmemoración del 25-N en un piso de inclusión de mujeres víctimas de trata

El 25 de noviembre de 1960 Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, hermanas y activistas políticas en la República Dominicana, fueron brutalmente asesinadas por orden del dictador Rafael Trujillo. Las tres hermanas llevaban muchos años denunciando las injusticias y la desigualdad de género del régimen político dominicano.

Tres décadas más tarde, en 1999, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decidió homenajear el sacrificio de las hermanas Mirabal y designó el 25 de noviembre como el “Día Internacional para la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres”.

El objetivo de esta jornada era y es denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo, reclamar acciones y medidas para paliar las causas, sensibilizar a la sociedad sobre este fenómeno, garantizar la atención y protección de las mujeres supervivientes y apelar al compromiso de gobiernos, organizaciones internacionales y otras entidades en su erradicación.

Las mil caras de la violencia contra las mujeres
La violencia machista es la violación de derechos humanos más extendida del mundo que genera situaciones de injusticia social y violencia extrema. Se trata de un problema social y estructural provocado por el modelo patriarcal que genera y cronifica la desigualdad  entre mujeres y hombres.

La Fundación Apip-Acam se une a la voluntad de conmemorar y visibilizar esta fecha haciendo un llamamiento a visibilizar también la situación de extrema violencia que sufren las mujeres y niñas vinculadas al tráfico de seres humanos con fines de explotación sexual, y reclama  de la sociedad un mayor rechazo de esta realidad.

La prostitución, es pues, también un tipo de violencia machista y una de las más invisibilizadas. En esta práctica, como pasa en el tráfico, la mujer pasa a ser un objeto sexual dirigido al placer de los hombres y, como tal, los consumidores creen que pueden hacer cualquier cosa con ella. Muchas mujeres vinculadas a entornos de explotación sexual son apaleadas y torturadas, provocando secuelas físicas y psicológicas profundas que duran toda la vida.  Hoy en día las mujeres que ejercen la prostitución en  gran mayoría son mujeres migrantes empobrecidas y posibles víctimas de traficantes y proxenetas.

El reclamo de la industria del sexo es tan brutal que continuamente necesita mujeres intercambiables para dar variedad a los espacios de prostitución y pornografía, provocando en las mujeres explotadas secuelas físicas y psicológicas. El año 2019, cinco prostitutas murieron en manos de sus clientes, sin ningún eco mediático.


Mujeres víctimas de trata conmemorando el 25-N en un piso de inclusión

Otra forma de violencia hacia las mujeres muy reciente y cada vez más en alza es el acoso dentro del mundo digital. Una de cada 10 mujeres dentro de la Unión Europea, especialmente entre los 18 y 29 años, afirma haber sufrido ciberacoso, como mensajes sexualmente explícitos y ofensivos no deseados, control de su vida a través de aplicaciones y redes sociales o publicación de contenido íntimo sin consentimiento.

A pesar de que podría parecer inofensivo, por el hecho que se produce a través de una pantalla, no lo es. El acoso cibernético puede provocar efectos psicológicos de larga duración a las víctimas como paranoia, pánico o inseguridad, violar el derecho a la privacidad e intimidad de las mujeres y, incluso, posar en riesgo su propia vida sin que el agresor tenga que convivir con la mujer.

A estas se suman otras formas de violencia, como la mutilación genital femenina, que han sufrido 200 millones de mujeres y niñas entre los 15 y los 19 años en más de 30 países; los matrimonios infantiles con 650 millones de niñas casadas antes de los 18 años; y los feminicidios a manos de familiares, como las 22 mujeres asesinadas por sus hijos o parientes el pasado año.

La violencia machista en tiempo de COVID-19
 El confinamiento provocado por la COVID-19 ha obligado a que muchas mujeres estuvieran cerradas  con sus agresores, agraviando el aislamiento y la presión psicológica a la cual son sometidas. Durante todo el estado de alarma, se contabilizaron menos denuncias a los juzgados especialidades en violencia contra las mujeres, pero se produjo un aumento exponencial de las llamadas al teléfono 016 en todo el territorio. Es decir que la violencia machista no disminuyó, sino que la libertad y movimiento de las víctimas era mucho más limitada y no podían acceder a recursos de protección.

Las mujeres víctimas de tráfico de seres humanos también han sufrido las consecuencias de la pandemia. Su vulnerabilidad se ha intensificado y han empeorado sus condiciones de vida. Por ejemplo, se han visto obligadas a seguir ejerciendo durante el estado de alarma a pesar del peligro de contagio y a confinarse en condiciones insalubres. A esto se le suma que estas mujeres no suelen hacer uso de los servicios sociales y sanitarios, de forma que el confinamiento las aísla todavía más.

Es por todo esto que ahora más que nunca es necesario renovar el compromiso común y la implicación de toda la sociedad para erradicar y denunciar cualquier tipo de violencia contra las mujeres.

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